La técnica consiste en tomar células de músculo liso de un cadáver e injertarlas en tubos construidos con ácido poliglicólico, que es el material utilizados en la fabricación de las suturas reabsorbibles.
En unas ocho o 10 semanas de cultivo, el tubo se degrada, quedándonos un "injerto vascular totalmente formado", según describe la investigación realizada por científicos de la Universidad de Duke, Carolina del Este y la Universidad de Yale.